Ella miró de nuevo por la ventana.Gente, historias, pasaban ante sus ojos color avellana. Se sintió vacía. Algo que nunca hubiese creído sentir así. Estaba oscureciendo, y todo estaba demasiado tranquilo. No podía confiar en nada en aquellos momentos. Aquella inseguridad la envolvió cómo si todo hubiese sido un gran error. No, no lo iba a perder de nuevo. Aguantó la respiración mientras el corazón se le encogía con la idea. Sabía que en cuanto liberara esa opresión su rostro se apagaría. Pulsa débilmente el botón que indica que debe bajar.
La observe callada preguntándome que estaría pensando aquella chica, la conocía.Era agradable hablar con ella. Quizá por su forma de sonreír. Tenía tantas que raro era que no lo hiciera. La más sincera cuando hablaba de él. Sin embargo ahora no lo hacía. Bajo la cabeza, puede vislumbrar una lágrima.
Ella maldijo una y otra vez su debilidad ¿dónde había quedado la fuerza de la promesa de no dejarse lamentar? Al parecer se había perdido. Como las muestras extras de afecto, esas que en su día el pareció prometer.Sin embargo sus algo habían enfriado ahora sus ojos. Creyó que lo conocía. Un sonido despertó su interés. Cogió el móvil, mejor si no lo hubiese hecho, pues quiso lanzar lo contra el suelo al ver de quien se trataba.
Sus ojos me dijeron que no era él quien llamaba. Seguramente sería ese otro chico que parecía decirle todo lo que quería oír. La volví a mirar. Conocía esa expresión de no poder hacer algo por miedo. Estaba tan atormentada que me dieron ganas de hablar con él. De decirle que no se alejen de todo lo que tienen, pues ella sigue creyendo en cada palabra que él le dijo.Otros vienen he intentan llevarse su dolor, y tal vez le devuelven por un instante una sonrisa, más sé que es una sonrisa atada, pues todo el tiempo está deseando que seas tú en vez de otro él que le vuelva a decir todo eso. La perdí de vista cuando moví ligeramente la mano a modo de despedida, mi preocupación se agravó al ver la tristeza en sus ojos.
Ella doblo la esquina. No le gustaba encontrarse rostros conocidos cuando no tenía una sonrisa para ellos. No tenían ninguna culpa. ¿Y ella la tenía? ¿Era su culpa que no hubiese nada en él que no provocará una reacción en ella? Nunca nadie la preparó para sentir tanto como ahora. Le costaba respirar cada vez que él se iba. Un giró de llave y abrió la puerta de su casa. Sin embargo, no se sintió tampoco segura.No sabía porque estaba aferrada a nada, pero no estaba dispuesta a perder lo. Cerró de un golpe que retumbo por el silencioso pasillo.No había nadie. Dio, dos pasos, y se derrumbó temblando sin apenas darse cuenta con lágrimas ya en los ojos.
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