¿A quien crees que engañas?

Él es tierra y paraiso.

Un día más, es un día menos

lunes, 27 de febrero de 2012

+Aunque no puedas ni verla.

Era hora de desaprender. De volver, a aprender lo que ya conocía. Ella se miró de nuevo. Era un reflejo fugaz, pero duradero. Suficiente, por ahora. Debía confiar en su sonrisa, aunque tuviera que dejarse la piel.

- Esa niña pija te la ha jugado antes...-le dijo aquella voz familiar.
- ¿Y qué esperas qué haga?
- ¿Dejar de preocuparte?- le contestó la otra con sorna- No entiendo, porque tienes que andar siempre escuchando esos problemas que ni te van, ni te vienen...

Ella agachó la cabeza. "Dejar a un lado a quien la perjudicaba" Sí, sería una buena solución, pero no para ella. Al fin y al cabo, lo que no te mata te hace más fuerte.

- Tengo que aprender a confiar más en mí. Si me quisiera más, no tendría tantas dudas.

La otra la miró. Le sorprendía oír aquellas palabras ante aquella chica que era capaz de dudar hasta si cada cosa que decía aquel que la amaba era por ella. Se alegro que tomara la iniciativa. Mas le preocupaba la bondad de la otra. Pues la había visto llorar, cuando no lo merecía por otra entrometida que tenía que saber que solo lo había echo mal. Si alguien había de pagar, no era la que ahora la miraba con una sonrisa constante, para no preocupar la.

- ¿Entonces no esperas vengarte de ella?
- ¿Vengarme? ¿Por qué?
- Por no haber sido tu amiga...

La mayor, por poco, soltó una carcajada.

-La amistad, ni se compra ni se vende.
- Pero tú si estuviste por ella... bueno tú estás por todos siempre.
- Y algún día el karma me lo agradecerá...
- Tu misma sabes que no lo haces por eso.
- Sería un poco egoísta...
- Sería humano...-corrigió la de ojos claros.
- ¿ Insinúas que soy anormal?
- Tú corazón se alegra al ver la sonrisa incluso en aquellos que te hacen llorar.

Ella la miró con una sonrisa de agradecimiento. Y la abrazó. Luego miró aquella foto de nuevo, pero esta vez sonrió. Quizá no fuera tanto como ella, no quería verla llorar, pero tenía claro que no dejaría escapara a la mejor cosa que jamás le había ocurrido por el simple hecho de que la hicieran sentir menos. Él era suyo, y no había lugar a dudas.

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